
Sabes exactamente qué tienes que hacer. Lo tienes apuntado y hasta has puesto una alarma. Y aun así, la ropa sigue en la silla y tú sigues abriendo la nevera sin hambre.
Si tienes TDAH, o trabajas con alguien que lo tiene, esta escena te suena. Empezar y continuar con lo que empiezas cuesta muchísimo cuando el cerebro no genera de forma automática el empujón que otros cerebros sí tienen de forma natural. La pereza no tiene nada que ver, es cuestión de neurobiología.
Y aquí entra un truco con nombre de película de espías que funciona con una lógica muy poco misteriosa: el body doubling.
Qué es el body doubling y por qué funciona con un cerebro con TDAH
Body doubling significa “hacer de doble corporal”, y consiste en hacer una tarea en compañía de otra persona que está a lo suyo. Ella no tiene que ayudarte, corregirte ni preguntarte cómo vas. Puede estar respondiendo correos, estudiando o pelando patatas. Basta con que exista en el mismo espacio, físico o virtual, mientras tú haces lo tuyo.
Se sabe que el TDAH afecta a las funciones ejecutivas (el sistema interno que nos ayuda a arrancar una tarea y a mantener la atención en ella); cuando ese sistema está saturado, hace falta una ayuda externa. Otra persona concentrada a tu lado actúa como un andamio: te marca el ritmo sin vigilarte ni juzgarte.
Hay una segunda pista. Muchas personas con TDAH responden mejor a estímulos externos que a la motivación interna, y una presencia tranquila es un estímulo externo de manual. Saber que alguien está cerca crea además una señal social sutil que te mantiene en la tarea, sin la presión ni el juicio de una supervisión.
Luego está el efecto espejo. Los humanos imitamos de forma natural el estado de quienes nos rodean, así que el foco y la calma de la otra persona se te pegan un poco. A eso se suma que la presencia social y un compromiso compartido pueden activar el cerebro y la dopamina, lo que ayuda a esquivar la disfunción ejecutiva y hace que una tarea tediosa resulte llevadera.
Un apunte de honestidad: la investigación específica sobre body doubling todavía es escasa. Lo que tenemos es mucha experiencia de personas que lo usan y una explicación bastante razonable de por qué les sirve. Por eso conviene probarlo como quien prueba un par de zapatos, y quedarse con ellos solo si te van bien.
Cómo / Dónde probar el body doubling
La versión más fácil es la que ya conoces: una cafetería o una biblioteca, donde hay gente trabajando alrededor. En alternativa, queda con un/a amigo/a o un compañero para trabajar cada uno en su mesa, o incluso en habitaciones distintas de la misma casa.
La opción remota también vale: una videollamada en Whatsapp con el micrófono silenciado y la cámara encendida. Y si no encuentras a nadie, existen directos en YouTube donde desconocidos trabajan en silencio durante horas. Suena rarísimo y es sorprendentemente eficaz.
Para que salga bien, empieza por esa tarea que llevas evitando, la de la ropa o la de los papeles, y no por el proyecto más complejo de tu trimestre. Elige a alguien tranquilo, porque una persona muy habladora te desconcentra más de lo que te ayuda. Y aguanta los primeros minutos de rareza, que suelen desaparecer solos.
También tiene límites. Si la tarea exige pensar en profundidad, crear desde cero o resolver un problema complejo, es posible que necesites silencio y soledad. Ahí el body doubling suele estorbar. Tampoco funciona en entornos muy ruidosos.
Y en la oficina… ¿cómo funciona?
Funciona mucho más de lo que puedas creer. En muchos equipos ya se hace body doubling sin ponerle nombre: la persona que trabaja mejor cuando el compañero de al lado está concentrado, o quien se queda hasta tarde porque en la oficina vacía le cuesta arrancar. El problema es que suele vivirse con vergüenza, como si fuera un capricho.
Si te sirve, no hace falta esperar a que nadie te lo ofrezca: puedes proponerlo tú. Busca a alguien de tu equipo para trabajar en paralelo una hora a la semana, presencial o por videollamada. Pide una sala tranquila donde sentarte cerca de otros sin tener que hablar. O simplemente di “hoy necesito trabajar acompañada” — te vas a sorprender de cuánta gente responde con un “claro”.
En UnicaMente lo vemos a menudo: los ajustes que más ayudan suelen costar poco y se explican en diez minutos. Lo difícil es atreverte a pedirlos, y ese paso, aunque no lo parezca, también se entrena.
Inscríbete a la Newsletter
Recibe más información sobre neuroinclusión en el trabajo por correo electrónico.
Puedes darte de baja en cualquier momento.
Silvia Capra
Mi mayor fuente de conocimiento sobre la neuroinclusión es mi propia experiencia: una vida intentando encajar en sistemas rígidos que dan por descontado un cierto funcionamiento mental, lejos de tener una mirada inclusiva. En 2024, tras un diagnóstico tardío de TDAH, entendí que no somos solo los neurodivergentes los que tenemos un cerebro distinto: hay tantas personas como formas de pensar y procesar la información. Es un hecho y se llama neurodiversidad.