
Habré trabajado en unas 15 empresas diferentes a lo largo de mi vida, la gran mayoría antes de descubrir que tenía TDAH a los 34 años.
Solo tras recibir el diagnóstico me di cuenta de algo fundamental: no todo dependía de mi fuerza de voluntad. Había un montón de cosas que estaban condicionadas por el entorno y por la apertura de mente de los managers a la hora de adaptar el puesto. A veces eran peticiones que a primera vista podían parecer “favoritismos”, pero que en realidad habrían venido de perlas a cualquier persona con sobrecarga mental, no solo a mí por ser neurodivergente.
Las personas con TDAH sufren tasas altísimas de desempleo o subempleo. Esto no significa que no valgan para tener éxito en el trabajo, sino que muchas veces les cuesta horrores pasar de la fase de selección, y una vez dentro, sostener el ritmo sin quemarse.
Una vez dentro, a muchos les asalta la duda de si contar o no su diagnóstico. Es perfectamente comprensible: da miedo que revelarlo traiga consigo estigmas o discriminación. Pero quedarte en silencio también tiene un coste: nadie puede ajustar lo que no sabe que necesitas.
Aquí tienes 7 ajustes razonables que puedes pedir, proponer o poner en marcha tú misma, aunque tu empresa no tenga ni idea de por dónde empezar:
1. Cómo hablar de tus necesidades en una entrevista
Si una entrevista tradicional te cuesta especialmente, puedes pedir el formato que mejor te funcione: preguntas por escrito con antelación, una videollamada en vez de presencial, o más tiempo para responder. Muchas empresas no lo ofrecen por iniciativa propia, simplemente porque nadie se lo ha pedido antes, no porque no puedan.
2. Pide que tu equipo entienda lo que necesitas
No tienes que ser tú quien eduque a todo el mundo sobre neurodivergencia, pero sí puedes pedir una sesión formativa breve para tu equipo o tu jefe directo. No hace falta justificarte caso por caso cada vez: una conversación de diez minutos con quien tiene experiencia propia suele bastar para que el resto entienda cómo trabajas mejor.
3. Pide que la comunicación importante quede por escrito
Si te cuesta retener instrucciones solo habladas, pide que los puntos clave y las tareas pendientes de cada reunión queden resumidos por escrito, por ejemplo en un correo corto después. No es pedir un trato especial, es pedir que la información llegue en un formato que de verdad puedas usar.
4. Pide notas o guiones en las reuniones
Si una reunión es virtual, pide que se vaya anotando en el chat lo importante. Si es presencial, pide que alguien tome notas visibles o comparta un guión previo. Te ayuda a no perder el hilo sin tener que fingir que lo llevas todo en la cabeza.
5. Pide poder grabar o tener transcripción
Si tu memoria de trabajo te juega malas pasadas, pide grabar las reuniones importantes o que se genere una transcripción. Poder volver a revisar la información cuando la necesitas vale muchísimo más que intentar captarlo todo a la primera.
6. Negocia tu horario
Si rindes mejor fuera de la jornada laboral tradicional, plantea una prueba de unas semanas con horario flexible. No tienes que pedirlo como un favor permanente: proponlo como un experimento con resultados que se puedan medir.
7. Date permiso para una perspectiva equilibrada
Cuando se habla del TDAH como un “superpoder”, suena bonito pero no siempre ayuda. Es verdad que puedes tener fortalezas reales como la creatividad o la resiliencia, pero eso no borra los desafíos reales a los que te enfrentas a diario. No tienes que elegir entre quejarte o celebrarte: puedes sostener las dos cosas a la vez.
Pedir estos ajustes no es pedir un favor, es pedir las condiciones para poder rendir con el cerebro que tienes, no con el que te gustaría tener.
Silvia Capra
Mi mayor fuente de conocimiento sobre la neuroinclusión es mi propia experiencia: una vida intentando encajar en sistemas rígidos que dan por descontado un cierto funcionamiento mental, lejos de tener una mirada inclusiva. En 2024, tras un diagnóstico tardío de TDAH, entendí que no somos solo los neurodivergentes los que tenemos un cerebro distinto: hay tantas personas como formas de pensar y procesar la información. Es un hecho y se llama neurodiversidad.