Habré trabajado en unas 15 empresas diferentes a lo largo de mi vida, la gran mayoría antes de descubrir que tenía TDAH a los 34 años.
Solo tras recibir el diagnóstico me di cuenta de algo fundamental: no todo dependía de mi fuerza de voluntad. Había un montón de cosas que estaban condicionadas por el entorno y por la apertura de mente de los managers a la hora de adaptar el puesto. A veces eran peticiones que a primera vista podían parecer “favoritismos», pero que en realidad habrían venido de perlas a cualquier persona con sobrecarga mental, no solo a mí por ser neurodivergente.
Las personas con TDAH sufren tasas altísimas de desempleo o subempleo. Esto no significa que no valgan para tener éxito en el trabajo, sino que muchas veces les cuesta horrores pasar de la fase de selección.
Una vez dentro, a muchos les asalta la duda de si contar o no su diagnóstico. Es perfectamente comprensible: da miedo que revelarlo traiga consigo estigmas o discriminación. Pero si nadie dice que tiene TDAH, ¿cómo va a asegurarse una empresa de que está siendo inclusiva?
Aquí van algunas ideas para crear un entorno de trabajo más inclusivo para las personas con TDAH:
1. Nuevos procesos de selección
Una cultura de apoyo empieza desde la selección de personal. Las empresas tienen que valorar a las personas más allá de sus currículums y poner a la persona por delante de los títulos. Un pequeño cambio que marca la diferencia es ofrecer el material en diferentes formatos y dar alternativas al currículum de toda la vida, como permitir candidaturas en vídeo.
2. Formación específica
Como las neurodivergencias no afectan a todo el mundo por igual, tanto jefes como compañeros deberían entender los rasgos típicos de las principales neurodivergencias y cómo se manifiestan en el día a día. Esto se logra colaborando con especialistas que tengan experiencia propia, buscando programas de formación a medida o, simplemente, escuchando a los compañeros que lo viven.
3. Comunicación clara
Para ayudar a las personas con TDAH, autistas o disléxicos a mantener la concentración y absorber la información, lo ideal es simplificar la comunicación, por ejemplo resumir los puntos clave y las tareas pendientes en los correos. Destacar la información importante y crear imágenes / gráficos ayuda a que todo sea rápido y fácil de consultar.
4. Notas visibles en las reuniones
Durante las reuniones, viene muy bien facilitar notas por escrito o guiones. Si la reunión es virtual, se puede ir usando el chat. Esto ayuda mucho a los compañeros que se puedan despistar o que necesiten repasar lo que se ha dicho.
5. Grabaciones y transcripciones
Grabar las reuniones y ofrecer transcripciones es de un valor incalculable para quienes tienen problemas de memoria de trabajo, ya que les permite volver a revisar la información cuando lo necesiten.
6. Horarios flexibles
A algunas personas neurodivergentes les rinde mucho más trabajar fuera de la jornada laboral tradicional. Permitir flexibilidad horaria ayuda a exprimir al máximo la productividad y reduce los fallos.
7. Una perspectiva equilibrada
Cuando se habla de los rasgos TDAH o autista como de un “superpoder”, suena a una perspectiva simplista y positividad tóxica. Es verdad que se pueden tener fortalezas como la creatividad o la resiliencia, pero eso no borra los desafíos reales a los que nos enfrentamos a diario. Hay que asumir que estas condiciones generan dificultades considerables, aunque también tenga muchos aspectos positivos. Mantener una postura equilibrada es clave para una inclusión real.
Apoyar a los empleados y compañeros neurodivergentes en el trabajo requiere empatía y cambios prácticos. Descarga aquí la plantilla de los ajustes razonables (Notion)
Descarga esta Plantilla Gratuita
Además, recibe más información sobre neuroinclusión en el trabajo por correo electrónico.
Puedes darte de baja en cualquier momento.
Silvia Capra
Mi mayor fuente de conocimiento sobre la neuroinclusión es mi propia experiencia: una vida intentando encajar en sistemas rígidos que dan por descontado un cierto funcionamiento mental, lejos de tener una mirada inclusiva. En 2024, tras un diagnóstico tardío de TDAH, entendí que no somos solo los neurodivergentes los que tenemos un cerebro distinto: hay tantas personas como formas de pensar y procesar la información. Es un hecho y se llama neurodiversidad.